EL ANDEN

Había cogido la salida de la autopista, y miraba con intensidad al frente luchando por hacer más corto el camino. Pensaba en lo que había pasado, hipnotizado por el ritmo frenético del limpia parabrisas. Nevaba, desde ayer no había parado, el cielo escupía en color blanco enterrando mis esperanzas bajo un manto blanco, congelado.

La misma mañana que te fuiste me dejaste suspendido de un hilo invisible, pendiente sin remedio de una llamada, y sumido en una soledad sin faro. Te supliqué mientras cerrabas maletas y hablabas de decepción. Para cuando quise darme cuenta, vagaba solo husmeando todos tus recodos, mientras las perchas se mecían desnudas en los rincones.

Hoy desperté sobresaltado por el sonido del teléfono, tardé unos segundos en darme cuenta de dónde estaba, y corrí a cogerlo mientras sufría el vacío en tu lado de la cama. Llegué tarde, habías colgado. Te llame inmediatamente, desesperado. Apagado. A los pocos segundos, un mensaje en el contestador.

_Perdóname. Me voy. Prefiero que no sepas a dónde. No estoy preparada para el compromiso, creo que ya no te quiero.

Tu voz me había dejado calado hasta los huesos, hubiera querido zarandearte para que me devolvieras a la que había sido mi mujer. Los últimos meses te habías rodeado de recovecos imposibles de conquistar. Traté entonces de ponerme en tu lugar, y de pronto lo vi, tuve la certeza de que volverías allí.

Nervioso, consulté los horarios de los trenes y salí de casa corriendo. No sabía que iba a decirte, no sabía que querías oír…pero tenía que llegar antes de que aquel tren arrancara. En cuanto llegaras allí, tu corazón iba a desembarcar en algún otro puerto, y no te iba a recuperar jamás.

El temporal nos había pillado a todos desprevenidos, los informativos habían anunciado bajadas de temperaturas, pero la tormenta de nieve era espectacular y desde luego superaba cualquier previsión. Los copos caían con tal fuerza que no se veía un metro por delante, y la gente circulaba muy despacio. Estaba helado de frío. La calefacción del coche apenas conseguía hacerme entrar en calor y aquel ritmo lento chocaba feroz con mis prisas, miraba con furia a los que iban delante de mí, y maldecía sus frenazos constantes. Finalmente, a un lado de la carretera, apareció la vía del tren, y mi corazón se aceleró sin remedio. Aparqué el coche, y me bajé. Una vez dentro, miré las pantallas confuso, y corrí al andén que te despedía. Un fuerte silbido me hizo encogerme, aceleré el paso, esquivé a varias parejas que se abrazaban y entonces te encontré. Te levantabas de un banco. Cubrías tu frío con un gorro, y te frotabas los brazos abrazándote fuerte, el vaho blanco salía de tu boca, acompasado.

Te diste cuenta de que te miraba inmóvil; el tren silbó de nuevo, impaciente, mi miedo se había aliado con tu tristeza, y el abismo se iba haciendo más profundo cada segundo que pasaba. Quería dar un paso al frente y detener aquello, así es que alargué mi mano hacia ti…esperaba que acudieras, que me abrazaras, que me dijeras que te quedabas; pero en lugar de eso volviste la vista hacia otro lado buscando un refugio. El apareció entre la gente, se acercó a ti agarrándote la cintura con fuerza, y te animó a seguirle con un beso; le seguiste, sin dedicarme apenas una mirada.

Entonces un torrente de ideas me nublo la vista, y algo me golpeó la cara con fuerza. Sonreí para adentro, recordando como el mismo sentimiento que te había servido a ti de alegato final, me ahogaba a mí ahora, y se bebía mi aliento.

4 comentarios:

Sardinas, pero con P dijo...

joe...qué perra..., qué triste...y qué bien escribes. La tema´tica es tan real como matadora...

igas dijo...

Marta, espectacular!!!Creo que es de los que mas me ha gustado. Un beso guapa.

nere dijo...

Como la vida misma. Lo has hecho tan real... me a parecido sentir el abandono, la soledad, una comprensión dolorosa... un triste final. Por eso es tan real, porque los finales no siempre son felices.
Sigue ilusionándome tanto como lo haces. Espero impaciente ese duro trabajo e imaginación con el que me brindas cada semana.
Gracias Marta.

Muebleando otra vez dijo...

Jo maja , yo lo llamaría " despecho" , que pobre hombre.... Bueno como siempre muy real, haces que nos metamos en tu relato , un beso fuerte, Cris